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Entonces cambió la educación…

Educación y la nueva educación

Llegó un día extraño para el sistema educativo: para sus maestros, para sus alumnos, para sus administrativos, para sus padres de familia, para su personal de mantenimiento y limpieza en fin para toda la comunidad escolar. Resulta que las autoridades sanitarias solicitaron de manera inmediata que se suspendieran cualquier tipo de contacto masivo a la sociedad, pidieron que actividades primordiales como la educación, se realizara en casa.

Comenzó en ese momento el reto más radical que se pudo haber soñado en materia educativa; por fin el siglo XXI, con todo y sus alumnos, estaba golpeando con un mazo al sistema educativo del S. XIX y a los maestros del S. XX.

El sistema educativo tuvo que adaptarse a una nueva forma de trabajo que implicó que padres, maestros, alumnos e instituciones educativas se adaptaran a una metodología completamente nueva, diferente y de la cuál no existió mayor opción. Tecnologizarse o morir.

Para un grupo de padres de familia significó tener que adaptar los espacios de casa para que todos los que necesitaban utilizar un dispositivo estuvieran disponibles, si es que hay aparatos suficientes para todos y después de checar si era disponible un ancho de banda que fuera capaz de resistir todo el internet que se estaría utilizando, en el mejor de los panoramas. Para otro grupo de padres, con menos oportunidades, dejar de ir a la escuela significó perder por completo una opción educativa para su hijo o hija.

En ambos grupos de padres, sumémosle la diversidad de situaciones laborales y de ingresos a las que se tuvieron -tienen- que enfrentarse ante la pandemia de COVID-19.

Hablando de las instituciones educativas, tuvieron que readaptarse a las nuevas condiciones:  padres de familia que se adaptaron adecuadamente, los que no lo lograron, retrasos en los pagos, recuperación de adeudos, sostén de salarios y personal, pago de servicios ( rentas, proveedores ,luz, teléfono, etc), atención y acompañamiento al modelo educativo, gestión administrativa y del aprendizaje y quizá muchos más que no alcanzamos a vislumbrar pero que son problemáticas por las que necesariamente se tuvieron que enfrentar.

En el rubro de los estudiantes se tuvieron que enfrentar a muchas situaciones nuevas: perder sus espacios, el contacto con sus amigos, la convivencia persona a persona pero además de perder la presencia y afectividad de sus maestros para gestionar junto con ellos su proceso de aprendizaje. Dejaron las plumas y los lápices y los cambiaron por cámaras, contraseñas y pantallas.

Este breve panorama de lo que sucedió en los últimos meses del ciclo escolar pasado, vino y está revolucionando el sistema educativo por completo, ha sido necesario replantear y reorganizar por completo la estructura y funciones del mismo, trataremos de responder a estas cuatro preguntas para desglosar los nuevos retos que implica iniciar el ciclo escolar 2020-2021.

Más que resolver estos problemas, la idea de esta aportación es generar discusiones y respuestas ante las múltiples preguntas que la pandemia ha puesto sobre la mesa en materia educativa. Estas preguntas no son nuevas, solamente que ahora, ya no podemos postergar su respuesta; durante muchos años la educación se ha mantenido atenta a ellas y ciertamente ha generado respuestas locales y específicas para innovar en las respuestas, sin embargo, no ha logrado responder de manera contundente, eficaz, pertinente y de manera global-sistémica y si hubieran dudas al respecto ¿por qué la educación se colapsó ante esta pandemia?. Por supuesto que ante esta pregunta tendríamos que analizar los múltiples factores que intervienen en este proceso: lo económico, lo político, lo social, lo antropológico, etc. Análisis pertinente claro pero que no es el objetivo de este trabajo ya que podríamos perdernos en dicho análisis y no rescatar el fondo que necesariamente es lo que tenemos que revisar.

La preocupación actual por el sistema educativo y el aprendizaje en estos tiempos de pandemia tendría que cuestionarnos los cimientos mismos de esta educación.

Ahora bien, habrá quien disienta de esta percepción alegando que la presencia dentro de las escuelas y la relación uno a uno, son la base del proceso de educativo y que al no tenerlos, completar un proceso de enseñanza-aprendizaje se hace más complicado y más en sistemas escolares masivos. Ciertamente coincidiríamos con la premisa aunque de fondo, la solución a las preguntas que planteamos, son relacionadas directamente a los roles que tiene cada uno de los actores educativos que intervienen: los padres de familia, la institución educativa, los maestros y los alumnos.

La pandemia nos ha venido a mover nada más y nada menos que la teleología de la educación y si este movimiento es efectivo necesariamente va a movilizar a sus actores a generar roles diferentes a ejercer durante su proceso.

Entre las múltiples cosas que han cambiado en el mundo, nos enfrentamos a una nueva educación pero tiene que ser algo que verdaderamente genere prácticas nuevas y diferentes, en la que sus diversos actores asuman una nueva postura. La demanda de una nueva educación, parece incompleta si ésta se basa solamente en pedirle a uno que cambie o se modifique, lo importante es que el cambio real aplique y se suscite desde cada uno de los actores y pensar de manera diferente los fines de la educación permitirá estos movimientos.

En la siguiente entrega, contestaremos estas preguntas, intentando brindar elementos de discusión para generar nuevas propuestas educativas.

  1. ¿Qué debe hacer ahora un estudiante?
  2. ¿Cuál es el papel de los padres de familia en el aprendizaje?
  3. ¿Qué debe hacer/ofrecer una institución educativa?
  4. ¿Cómo debe enseñar y planear un docente sus clases?

Contribución: Mtro. Ricardo Rodríguez

 

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